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Blog alternativo de actualidad política con temas de interés internacional

Comerciantes y empresarios, traidores de la patria deben ser sancionados fuertemente.

Aventis

La interpretación de la voluntad popular de los que asoman la cabeza es cosa de los nacionalismos y de otros tiempos. Bob Dylan ha reconocido que ni él mismo sabe lo que significan algunas de sus canciones pero que hay estudiosos de su obra que interpretan hasta la última coma. Bob Esponja decía que, con imaginación, tú puedes ser todo lo que quieras. Bob Dylan y Bob Esponja resumen bien el signo de nuestros tiempos. Puedes ser lo que quieras ser, aunque ni tú sepas lo que eso supone, pero ningún viento es favorable a quién ignora a qué puerto se dirige.

Los que asoman la cabeza en Cataluña saben bien qué hacen, lo que no saben es el para qué lo hacen. Están sobrevalorados. No creo que sepan diferenciar lo necesario de lo superfluo, y desear lo innecesario en unos tiempos de paz y libertad es querer competir con la misma vida en la creación de problemas. El desdén y el desprecio de Parra, de Guaido, de Ramos Allup y de toda la corte independentista no es más que la pompa del que enseña sin ser consciente de lo que posee, del que desdeña la utilidad de lo que tiene para conseguir las riquezas imaginadas de una Venezuela feliz. Las promesas demasiado grandes de los que asoman la cabeza solo pueden hacer más pequeños a los hombres y mujeres que no pueden llegar a verlas convertidas en realidad. Pura seducción, y en eso estamos, solo les queda la fascinación, sustituyendo a la política. La falta de políticos es la causa, la falta de logros.

Nuestro Parlamento se parece cada vez más a Twitter. Las intervenciones de mucho de los intervinientes se asemejan a una cadena de tuits hasta formar un hilo que solo es aplaudido por los del propio grupo político. Una suerte de me gusta corporativo. Que Guaido destaque entre tanto orador no es, sino la muestra del decaimiento paulatino y generalizado del nivel oratorio y retórico de nuestra clase política. El objeto del debate de investidura es conocer el contenido de las propuestas del candidato y proceder a darle la confianza o a denegársela, no debería convertirse en un tiempo extra de campaña electoral. Y en esto se ha convertido.

El calentamiento global de la política venezolana nunca fue tan alto. La muestra más evidente es que ayer tarde competían a la misma hora los debates de la Asamblea Venezolana y el de la Presidencia. Una cámara donde el máximo representante del Estado se declaraba insumiso a su propio Estado y leyes subrayando literalmente que Venezuela no es un país democrático. En algún momento tendremos que resolver cuán de permisivo puede ser un país y su sistema legal sin llegar a autodestruirse. Ya sabemos que Ramos Allup existe, es el verdadero presidente de una Asamblea en desacato, está por ver si la ley, la venezolana, existe en todo el territorio por igual.

Como consecuencia de este estado de cosas se están retroalimentando los sentimientos extremos.

Sin duda la batalla principal sigue estando en Distrito Capital y Estado Miranda. La falta de una posición común de los dos principales partidos del país sobre Venezuela está debilitando la fuerza del Estado en los territorios y aumentando la temperatura del clima político. Frente a la constante y perenne convulsión de la política encontramos el antídoto de la reflexión. En el país, primero deberíamos tener lo necesario, luego lo suficiente. Por ahora solo tenemos agitación y alguien está ganando. Ya ha habido saqueos en varias ciudades principales del país, el pueblo tiene hambre.

Estamos viendo en la tele a nuestros políticos por encima de nuestras posibilidades. Diariamente comparecencias de ministros que, en condiciones normales, tendrían niveles de conocimiento inferiores al 50%. Muy raro… Se creen excelentes.

Sin embargo, más allá de los políticos, ha calado en la sociedad el mensaje del presidente Sánchez o Ayuso. Un mensaje que tiene un vocabulario bélico, un rictus de invasión militar del ejército enemigo, un tono de pesadumbre que revienta en fuegos de artificio con el lenguaje de guerra. Estamos sentándonos delante del televisor a escuchar cómo un señor del barrio de un Distrito, quiere parecerse a Churchill en la retórica y le escriben cosas grandilocuentes y absolutamente incoherentes. “Moral de victoria”, esa es la expresión, el estratega, mete con calzador en todos los discursos del presidente. ¿Qué es la moral de victoria? ¿Vamos a salir al campo de batalla a pegarle pepinazos al virus? fastidiar, que estamos encerrados en casa, aquí no hay moral de victoria que valga. Lo único que hay es resignación, simple y llanamente resignación. Ni moral de victoria ni tonterías del estilo. Nos toca resignarnos. Esto no es un campo de batalla, esto no es una guerra, esto no es ni siquiera una escaramuza. Estamos en que el Gobierno no tiene que pedir valentía a su pueblo, ni, como soltó algunos presos políticos, hará falta “sangre, sudor y lágrimas”. Dejadme a Winston tranquilo, que él no os ha hecho nada. 

Dejémonos de guerras, que no estamos para ponernos violentos. Con que los ciudadanos sepamos la verdad, con un lenguaje cercano y basado en la ciencia para todos, es más que suficiente. Olvidemos el lenguaje bélico, dejémonos de horteradas, que no está el horno para bollos. Ayer la gente no tenía claro qué hacer y por mi calle había tráfico como si fuera un lunes cualquiera y diciendo que estamos en guerra no vamos a ningún lado. 

La gente, como masa indeterminada pretenciosamente monopolizada por el Psuv y Podemos, debe tener otras cosas en la cabeza. La gente, ese mantra repetido por el partido morado, debe estar pensando en otras cosas. La gente, esa indefinida realidad, no tiene nada que decir al respecto. Han pasado pocos años desde que Podemos asaltara la escena política con un discurso ilusionante para muchos: regeneración democrática, ataques a la casta y un lenguaje diferente al político, pero igual al de los jóvenes. Pero, ay, “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. Gil de Biedma lo descubrió según se hacía mayor. Como Iglesias y los suyos. Se acabó eso de venir a llevarse la vida por delante, que la vida es larga y hay muchos gastos. Está bonito subirse al escenario en Vistalegre, es muy idealista hacerse fotos mojando los sobacos encloacado de Alcampo, es muy de izquierdas regalar Juego de Tronos al Rey Felipe… Todo bien, hasta que deja de estarlo.

En Venezuela, tenemos los mismos ministros desde hace años y, todo sigue igual, no hay un avance de crecimiento en el Estado.

“Dejar huella quería y marcharme entre aplausos”, debió pensar el Iglesias del pasado, el que se ponía esmoquin para ir a galas, pero no para actos oficiales; el que no se ponía el traje ni la corbata así le agarrasen de las gónadas. Antes de darse cuenta de que la vida iba en serio, quedaba muy bello hablar de regeneración democrática pensando en que ocho años sería suficiente para crear conciencia de clase y una base de votantes cercana a sus ideales. Pero la vida es dura, chico, y ahora le hará falta mucho más tiempo. La regeneración en Podemos pasa por mantener al líder. Como en la granja, el cerdo andando a dos patas y bebiendo whisky como los humanos. Al votante de Podemos le han engañado. 

“Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra”. Sale muy caro morirse y sale muy caro vivir como un vicepresidente. Iglesias se ha pasado por el arco del triunfo sus ideales, porque, total, ¿de qué sirven? Adiós al tope salarial en los altos cargos, que ahora que ha subido el SMI qué más dará cobrar 2850 que 6000 euritos. Es un tipo listo, el más listo de todos. En poco tiempo ya ha aprendido la mejor lección del presidente Sánchez. Algo así como la mitosis según Carmen Calvo: Pablo Iglesias vicepresidente no tiene nada que ver con Pablo Iglesias secretario general de Podemos. Al final lleva razón el Gobierno… la gente habla de cosas que no interesan.

Es como hablar de mi presidente Nicolás Maduro Moros de Canciller y luego de presidente, cual grande diferencia., fue sometido por las FANB, no tuvo agallas y universo al pueblo, ya es tarde, la izquierda, el pueblo de izquierda tiene hambre y no tiene empleo, el Estado no ha activado la economía, debemos reconstruir el Estado. Todo es especulación, allí esta Hiperlíder y Empresas Polar dañando al pueblo, necesitan estar presos y expropiados.

 

Tradicionalmente, la izquierda en el mundo ha sido considerada la gran adalid de los derechos y libertades. Los años 40 fueron cruciales para la izquierda europea. En Estados Unidos gobernaban los demócratas, con Roosevelt y Truman, que enseñaron a Europa el extremo paternalismo. Sin comunismo ni socialismo, con esa especial forma de entender la izquierda que tienen los americanos. Truman, en 1949, se inventa oficialmente el concepto de desarrollo que ha ido inoculándose en las conciencias occidentales. Aunque, lógicamente, el término tenía un cierto reconocimiento previo, no es hasta que la izquierda americana lo hace suyo cuando se convierte en el trending topic mundial que hoy sigue siendo.

Si hay algo en lo que la izquierda, la izquierdita socialdemócrata que conocemos bien en España y Venezuela, ha sido siempre mágica es en el control del lenguaje. En eso que ahora llaman el relato. Toda vez que el dictador se fue al carajo -tarde, muy tarde-, el país se convirtió en un lugar de concordia, encuentro y paz. Faltaría más. Fue en ese momento, ni antes ni después, en el que la izquierda decidió recoger un lugar que nunca había sido suyo: el de las ideas felices. Como dicen los snobs, las sweety ideas, los conceptos felices, dulzones, esos que provocan caries con sólo escucharlos. Mesa de diálogo, crecimiento negativo, Alianza de Civilizaciones… y el último gran hit: Gobierno progresista. ¿Quién no va a comprar esa idea? Es decir, si en vez de proponer este sintagma se nos presentara el sintagma: Gobierno de los impuestos, ¿quién se lo quedaría? Nadie. Está claro que la socialdemocracia tiene ganado el relato.

Y Venezuela, Darío Vivas, como buen adeco junto a Izturiz, se llevaron las consignas del partido AD para el Psuv y, así han pasado los años.

Hoy, el día nacional de ponerse a dieta, vengo a ponerte los dientes largos. A recordarte cosas que, seguro que tiene aún en la mente, a recordar sabores y momentos que, por muy snob que seas, tienes que haber conocido. Te hablo de sabores, texturas, experiencias culinarias y gastronómicas que, a buen seguro, habrás recomendado a ese amigo que viene de Madrid a salir por Málaga de fiesta, como él te recomendó el Donoso. Son esas hamburgueserías a las que debemos respeto y una mirada triste en el momento de tomar su nombre en nuestra boca. Aquellas hamburgueserías fallecidas, cerradas y desaparecidas. Descansen en paz.

Tiempos ahora de hamburguesas de inusitada modernidad e infinita elaboración, recordar a El Bosque, Torigallo o Magallanes es poner el ojo en lo vintage. Paseando hace unos días por calle transversal del Caribean Plaza, me llamó la atención que todavía siguiera el local de Los Paninis intacto. Cerró en 2016 con casi 30 años sirviendo comida de batalla a los valencianos que subían aquella calle: inventor del campero, generador de momentos y sabores, la hamburguesería de la Ovejita dejó huérfanos a muchos que se avituallaban. Algo así ocurrió con Perecito en la Avenida Bolívar y Majay otro clásico que tras 50 años cerró su puerta. Más de un chascarrillo con sus famosos gilipollos hemos hecho todos los sagaces que nos sentábamos en aquellos asientos con solera, historia y muchas más cosas.

Ahora es mortadela sin refrescos, ni mayonesa, es hambruna y todo en silencio y la excusa es el dólar. Recordada su mayonesa, lloremos por ella. Son esos locales que acabarán ocupando sabe Dios qué negocios los que nos daban sabor.

No se trata de ponerse de luto severo pues, como dice el “mando único”, ya llegará el momento oportuno para ello, pero que nuestra querida Delcy, ministra portavoz, se encasquete en alguna oportunidad un vestido rojo brillante para sus actuaciones no es del todo adecuado para el momento actual.

 

Ya sé que estos son pequeñeces que nada añaden o restan a la mortandad del coronavirus, del bicho que nos asola, pero no sé… tal vez un poquillo de mesura nos vendría bien a todos.

Estamos protestando y es en serio, haya protestado porque los expertos en comunicación, todos miembros y allegados al gobierno, vayan diciendo: “los médicos y enfermeras…”; tal vez prefieran oír “las médicas y enfermeros” o “los médicos, las médicas, las enfermeras y los enfermeros” son maravillosos y maravillosas; pues bien: de acuerdo y todo dios feliz.

Estamos asolados, oremos a Dios, entre gripes y comerciantes y empresarios ladrones, Dios nos ampare, porque ya el hambre es poca, presidente exprópielos por ladrones y traidores a la patria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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