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Blog alternativo de actualidad política con temas de interés internacional

Apretar cerrojo sanitario ante pandemia y aplicar ley es la misión de Maduro. Ante el dólar

Asidero

Desde que fue eliminado el departamento de Mariología dependiente del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, (MSAS), se sabía que venía una debacle sanitaria, la expropiación de tierras y recortar instituciones oficiales, lo que hizo fue acrecentar el burocratismo de Estado.

El coronavirus, una gripe neumonal que se convirtió en pandemia a nivel mundial es una suma de virales que los laboratorios internacionales ignoraron y, más bien venían experimentando con animales rastreros y depredadores vacunas y antídotos para ser inyectados a sus ejércitos privados en caso de una guerra química, así lo hicieron en Irak, Irán y el Amazonia con indígenas que habitaban zonas adentradas de la selva y los norteamericanos en una supuesta ayuda humanitaria probaron con ellos, vacunas y que para evitar el sarampión, cuando la idea central era envenenarlos para extinguirlos cual colonización española para adueñarse de sus tierras y proceder en la explotación de madera y el traslado de agua potable, totalmente dulce a sus módulos de trabajo a nivel internacional. Mientras que, los chinos seguían en su plan maquiavélico de romper con las estructuras y bloques estadales para llegar a Bolivia en la Nueva Ruta de la Seda y llevarse la hoja de coca por cortes de sus sembradíos.

Debemos estar claros, los epicentros de propagación de plagas que serían focos de ataques por parte de los grandes grupos económicos y reflejados en informes médicos y sanitarios enviados por el Fondo Monetario Mundial, Banco Mundial, (BM), Banco Interamericano de Desarrollo, (BID) y el Banco Interamericano de Reconstrucción y fomento Agrícola, (BIRF) a la Organización Mundial de la Salud, (OMS), serían España e Italia en Europa. Venezuela, Nicaragua y Cuba en la ensenada o Cuenca del Caribe. Faltaría Argentina que no agarra mínimo por su inestabilidad desde Macri y sus compromisos con la Banca Internacional. Este organismo guardo silencio y solo envió cortos informes, sin amonestación seria, razones tendría porque depende de las contribuciones públicas, donde el primer aportante es EEUU. Según el último informe de oficial de marzo, se toma trimestralmente, "la previsión de las autoridades sanitarias es que en torno al 70 por ciento de la población se contagie en los próximos meses". Del texto, al que ha tenido acceso Europa Press, destaca la confirmación de que "la previsión de las autoridades sanitarias es que en torno al 70 por ciento de la población se contagie en los próximos meses", ya que hasta ahora el Gobierno no ha afirmado públicamente ninguna estimación sobre cuál podría ser la población española que podría infectarse.

Lo que indica, una similitud en ambos criterios oficiales.

Una decisión contraria a la de la canciller alemana, Ángela Merkel, que a comienzos del mes de marzo anunciaba, cuando aún la enfermedad estaba en una fase inicial de la propagación, que, sin vacuna ni tratamiento, ni inmunidad, todo llevaba a apuntar que este el 60 y el 70 por ciento de la población acabaría infectada.

Este mismo dato fue antes predicho por el epidemiólogo, Marc Lipsitch, de la Universidad de Harvard, quien afirmó que el coronavirus infectaría en un año entre un 40 y 70 por ciento de la humanidad. Y un estudio posterior, del Imperial College de Londres que colabora con la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya estimaba una infección en España en marzo del 15 por ciento de la población, y barajaba la posibilidad de que estuviera infectado más del 40 por ciento.

Por otro lado, el documento señala que, "casi todos los centros de trabajo presentarán algún caso" y que "el ratio de transmisión es de 1 a 3 aproximadamente". Dos datos ya conocidos y explicados por el Gobierno, y que vienen a confirmar, tal y como señala el mismo texto la necesidad de realizar test para un mejor control de la infección.

"La experiencia acumulada en las últimas semanas muestra que la aparición de un caso compatible entre el personal que presta servicios mínimos presencialmente puede haber supuesto el contagio a otros trabajadores/as, haciéndose preciso adoptar medidas para conocer, de forma voluntaria para las personas, si los posibles contactos laborales están contagiados o no a fin de impedir su regreso al trabajo o bien hacerlo en condiciones de seguridad si no se hubiese transmitido el virus, señala en el texto.

"Además, para la propia persona con síntomas compatibles, la no confirmación puede suponer extender el tiempo de cuarentena más allá de lo necesario en los casos en que no se trate de infección por SARS CoV2", explica el SEPE en el documento.

En tiempos de dolor es difícil templar las valoraciones. A nadie se le escapa que la gestión de la pandemia de coronavirus en el mundo tiene muchos puntos incomprensibles. A nadie que conozca lo que está pasando más allá de nuestras fronteras y que lea otra prensa, además de la patria, se le escapa que la crisis va a cambiar el modo en el que entendemos la globalización y hasta nuestra manera de relacionarnos.

Cuando ya hay más de un millón doscientos mil infectados en el mundo, más de cincuenta mil muertos, y solo dieciocho países aún no han reportado ningún caso de coronavirus, se puede tener cierta perspectiva para analizar lo que está pasando. De principio, la pandemia ha desvelado la fragilidad de los estados, ha puesto en evidencia la debilidad del sistema de solidaridad de la Unión Europea y ha demostrado que cuando arde el bosque todos corren para apagar solo el fuego alrededor de su cabaña.

Los actos de piratería a pie de pista de Estados Unidos, Francia o Turquía son buena muestra de lo poco que le vale a España pertenecer a la UE o a la OTAN en momentos de naufragio, porque han sido sus propios socios los que le ha incautado o robado impunemente material sanitario. La emboscada del coronavirus nos ha despertado a los europeos, norteamericanos y latinos de la seguridad del estado del bienestar, ha destapado nuestras vergüenzas en cada una de las habitaciones donde la UME ha encontrado a un anciano muerto o abandonado, ha desmontado la creencia de las generaciones más jóvenes de que la vida siempre, siempre, avanza hacia mejor y que solo podría traernos más bienestar, más lujo y más seguridad y ha demostrado que la inversión en sanidad debe ser invisible, pero constante, para anticiparse a lo que pudiera venir porque a veces viene. Es impúdico que un país como España deba acudir al mercado de especuladores de mascarillas o de respiradores para tratar de salvar las vidas de sus nacionales. No pueden ser un país seguro si los sanitarios no lo están.

La pandemia de coronavirus nos ha llegado como una emboscada, sin que nadie nos pusiera en serio aviso de su enorme gravedad, y nos ha dejado un gran fracaso, la de unos estados débiles e incapaces de enfrentarse con fortaleza y medios a un enemigo que para nada es nuevo en la historia de la humanidad. La velocidad con la que algunos en el mundo tratan de hacer de esta epidemia mundial una segunda gripe española, como si los casos o fallecidos que ya hay, y los que desafortunadamente llegarán a otros países no fuesen importantes, expone la vileza de una parte de la clase política y de sus opinadores de cabecera. Ningún Gobierno en mitad de una crisis, de dimensiones comparables a las de una guerra, debe ser el objetivo de la oposición. El único objetivo en esta batalla es vencer lo antes posible al enemigo de todos. El tiempo de la disputa parlamentaria, el de las averiguaciones o el de la petición de responsabilidades en una guerra llega siempre después.

De esta emboscada Latinoamérica, va a salir con mucho sufrimiento, con muchos fallecidos y con muchos reproches, pero saldrá antes que la mayoría de los países europeos y americanos. La curva de aprendizaje de la sanidad, de los cuerpos y fuerzas de seguridad, del ejército, de la industria y de la ciudadanía española ha sido muy rápida. Nada volverá a ser como antes, pero saldremos reforzados como sociedad y seremos la ayuda más que necesaria de otros países. Después de un gran fracaso siempre llega una gran oportunidad. Deberíamos aprovecharla.

El estado es alarma general. Durante estos días de encierro muchos venezolanos están poniendo en peligro su vida para salvar a otros venezolanos: enfermeras, médicos, auxiliares, conductores, guardias civiles, policías, cajeras, transportistas y tantos otros que esperan que nuestros representantes estén al nivel de la gravedad y al nivel del país que representan. En estos momentos de amenaza, asimilables a los que se viven en una guerra, uno espera tener a los mejores al frente del barco, pero no los elegimos para navegar en las peores tempestades imaginables como esta, pudiera ser que solo hayamos elegidos a los que andaban disponibles. La disponibilidad se les agradece, pero ahora es el momento de que lo den todo y se pongan a resolver como si fueran un único partido, un único Gobierno. Que renieguen de sus diferencias y pongan a este país a funcionar como el país que realmente es, no como el quieren hacernos creer. Venezuela tiene capacidades industriales, sanitarias y logísticas suficientes para enfrentar con garantías a este enemigo desconocido que nos quiere arrodillar. pocas empresas de todos los rincones de Venezuela no se han puesto a disposición del Gobierno para fabricar material sanitario de alta necesidad, otras fabrican ya sin esperar órdenes. Gracias por las que colaboran. Ni Empresas Polar ni El Tunal se les escucha y ambas reciben millones de dólares del Estado y el pueblo y menos el gobierno recibe una reciprocidad de estas empresas. El presidente Maduro debe proscribirlas o sancionarlas por regirse por el dólar colombiano, una manera de especular entre pandemias, por esto, Cuba nacionalizó todo y se esforzaron por sincerar su economía y allí están los franceses y españoles trabajando el turismo, deben guardar silencio, saben lo que hicieron y el sufrimiento de la comunidad cubana en sí.

Los representantes del mundo multipolar deben hablar claro y no debe haber prorroga, porque nos embarga la responsabilidad, en mi caso como socorrista de La Cruz Roja Internacional y la gravedad del momento es cierta, los partidos políticos deben hacer pausa y echarse a un lado.

A los comerciantes inescrupulosos hay que dejarlos que hagan pucheros, de jugar al mus o desmontar partidas de ajedrez. Es necesario abrir La Isla del Burro y habilitarla en la Laguna de Tacarigua, entre los límites de Aragua y Carabobo para que no sigan especulando con un dólar irreal y, sí es funcionario del gobierno que vayan a La Pica para que no sean sinvergüenzas en esta época de pandemia.

. Un bello haiku que han impreso en todos los envíos de material sanitario de ayuda que Inditex trae estos días desde China dice así: “Aunque los océanos nos separen, nos une la misma luna”. Ciudadanos vascos, navarros, catalanes, madrileños, asturianos o andaluces venezolanos, estadounidenses, indonesios, italianos están dándolo todo para imprimir en 3D equipos de respiración autónomos, están donando mascarillas, ofreciéndose a protección civil o simplemente trabajando para que el país siga funcionando. Esta es la fuerza de España y Venezuela, Cuba y Nicaragua en un sentimiento de unión con Pablo Iglesias, Xi Jinping, Daniel Ortega Saavedra y Nicolás Maduro Moros, Ya sabemos la confraternidad con Rusia y su presidente Vladimir Putin.

Las muertes, no hay que maquillarlas. Nuestro Gobierno y nuestra oposición tienen una obligación histórica de responder con lealtad y unión, lo que a estas alturas de la batalla es lo mínimo que se les exige, no hay nada que pueda maquillar esto. Cuando esto acabe la ciudadanía querrá poner a cada uno en el lugar que se merece. Así siempre fueron las cosas. Y así seguirán siendo.

La sobrevaloración de los actores políticos no es característicamente español. Ejemplos actuales los hay al otro lado del océano y en nuestro propio continente. Durante estos últimos meses he leído numerosos análisis acerca de las estrategias y la instrumentación plenamente consciente de todo lo que estaba pasando en el edificio de Carrera de San Jerónimo, pero para poder asomar la cabeza por encima de las aguas solo hay que estar en el agua. Y son pocos los elegidos para estar en el mar de sabiduría del Congreso.

La fortuna y el signo de los tiempos han puesto en un lugar visible a los elegidos. Con todo, en este país hay mucha gente desesperada por creer en algo, léase república bolivariana o imperio socialista por el petróleo. Y ya sabemos que la creación de una autoconsciencia, por ejemplo, la nacional, se impulsa por la mera evocación de los que asoman su cabeza por encima de las aguas. Cerrar las puertas de los pueblos no es nada nuevo, afilando los hierros tras las mismas llegamos hasta a la Segunda Guerra Mundial, pero algunos ingenuos creen, en estos tiempos del Tik Tok, que hacer política es publicar un tuit, recoger me gusta y salir de cañas. Miguel de Unamuno murió en soledad y en arresto domiciliario. Su último tuit lo lanzó contra Millán Astray. Arrepentido del apoyo que dio a la sublevación sintió el desprecio de los dos bandos mientras se horrorizaba por la sangre que pedían los “hunos y los hotros… envenenando y entonteciendo”.

El capitalismo es un sistema atroz, comienza a dañar la vida de los residentes de una comunidad para explotarlos, luego vienen por su alimentación, pasan primero por el nivel sanitario. Las investigaciones nos hablan del inquietante grado de contaminación del subsuelo debido a los nitratos y fosfatos, problema ampliamente extendido como consecuencia de la explotación agrícola y los criaderos intensivos, de esta manera se destruyeron grandes capas húmedas que, gracias a los sedimentos sirven de filtros para hacer flotar agua limpia, pero insalubre por estar envenenadas.

Desde luego, entre los protagonistas del post capitalismo hay divergencias, existen abusos y excesos.

Marx Carl entrevió el daño que podía causar sus teorías y actitud voluntarista basada en una visión típica que no tuvieron en cuenta las diferentes realidades y las pandemias pasadas y ésta poco fueron asumidas en conciencia.

El socialismo presupone las estructuras institucionales de una sociedad industrial avanzada, en la que el sentimiento democrático sea ya firme y generalizado. Las reformas del Estado deberían orientarse hacia el establecimiento de una democracia federal industrial, en la que el poder centralizado del Estado tuviere supeditado a unidades autogobernadas más pequeñas, en partes territoriales junto con otras formas de asociación.

La amenaza persiste, el informe Nixon tiene sólidas razones para creer que la doctrina Nixon-Kissinger tiende a reducir el umbral nuclear, hay una óptica masiva, donde el ejemplo de Vietnam es una réplica masiva. La opresión es para la humanidad entera, por cuanto el Estado arriesga la destrucción total para asegurar su prestigio y dominio.

Después de esto, hay que reconstruir a la sociedad, nos han desmovilizado y disociado, debe haber un culpable que juega con la salud del pueblo y, no hemos comenzado, esto comenzó en 2013, pero en 2015, Bill Gates lanzó una alerta, que ¿hacían los Estados Federados?, nada, estaban pendientes del petróleo y de sus partidocracias.

*Escritor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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