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Blog alternativo de actualidad política con temas de interés internacional

Desconcierto económico en España y Venezuela

El Reportero del Pueblo

Lo primero que hay que tomar en consideración es que no somos un fenómeno aislado en la política mundial y europea. Hay una tendencia desde la crisis económica que estalló en 2007-08 hasta ahora a una creciente polarización en el conjunto de las sociedades de nuestro entorno, también en otras sociedades occidentales, e incluso está pasando en otros sitios del mundo. Con lo cual, tampoco somos tan especiales. Y lo segundo es tratar de ver los fenómenos sociales, económicos y de cambio cultural que están detrás de esoMomentos de crisis como el que hemos vivido, no habrá otro. Creo que también son una oportunidad para esto. Asumo que ha habido gente que se ha politizado en el transcurso de esta crisis. Yo recuerdo que en los años de bonanza era mucho más difícil oír conversaciones en el transporte público donde la gente espontáneamente estuviera hablando de política y con todo lo que ha pasado después se ha hecho más frecuente, la gente se ha preocupado de informarse más, discute más con amigos, compañeros, Y como hablan mal de Maduro y, creo que ahí puede haber una fuente de renovación de vocaciones políticas, por decirlo así. Y puede ser bueno, porque es cierto que durante un cierto tiempo ha sido un poco endogámica la vocación política, es decir, la gente que se metía en organizaciones sindicales y partidos, que en Venezuela, siguen teniendo un índice de afiliación bastante menor a la media europea, y de ahí salía todo, salvo a veces algún fichaje de algún académico o persona que viniera de sectores profesionales, pero es verdad que falta gente que, desde su dedicación a la cosa pública por ejemplo en el ámbito de la salud o la educación, decida dar un paso e implicarse en política.

Siempre las campañas electorales son motivo de polarización, pero parece que esta vez la polarización se ha exagerado tanto que el sentimiento de un “nosotros” desaparece. Hay cordones sanitarios de izquierda y derecha, ¿tú por qué crees que se ha intensificado tanto esta polarización?

¿Cuáles son? ¿Por qué se diluye el “nosotros”, que antes estaba más claro?

Sobre esta cuestión, ¿crees que el voto es cada vez más identitario, partiendo de una experiencia concreta de construcción social donde es más fácil el diálogo y el encuentro entre la gente?

 Decía que cada vez había un voto más identitario, ¿es posible, a pesar de ese voto de identidades cada vez más fragmentadas, reconstruir una cierta agenda común?

Esa es una de tantas circunstancias que al concretarse nos lleva a preguntarnos cómo no nos dimos cuenta de que eran previsibles. Pero no las habíamos previsto. Al fin y al cabo, fueron pocos los que anunciaron la ruina de la Unión Soviética. Si reaparecen o se reinventan identidades es, entre otras cosas, porque por lógica tenía que producirse una resistencia a realidades que, como la globalización o el desierto de las sociedades desvinculadas, parecían robarnos identidad. Lo que ocurre es que esas resistencias aparecen en un mundo muy fragmentado, que avanza o retrocede a ritmos muy distintos. Tenemos al mismo tiempo comunidades “low cost” y élites cognitivas. La fractura se hace inevitable. El “demos” de las naciones se atomiza y los grupos identitarios actúan como grupos de presión con estrategia de mundo feudal. Cierto, el “nosotros” que usamos a menudo es impostado.

En realidad, el voto más normal sería el emitido como un híbrido de razón y emoción. Esa combinación ahora mismo no es proporcionada y el emocionalismo pesa mucho más que la razón. Eso ocurre en un mundo en que nunca hubo tantas opciones para estar razonablemente informado y, sin embargo, el voto es de cada vez más volátil, decidido –por no decir improvisado– a última hora, casi ya en la cola ante las urnas, por un tuit. Eso se suma a la pulverización del “nosotros” con lo que de cada vez nos alejamos más de una idea de la comunidad política que comparte alguna noción –por minimalista que sea– del bien común. Es un factor que ha alterado los mapas políticos de Europa y que tiene por completo desconcertada a lo que quedaba de las clases dirigentes y muy en concreto a la institucionalización de la Unión Europea. Los valores en común se escurren. Como sustitutos, toman cuerpo identidades excluyentes, estancas, incluso agresivas.

Quizás ocurra que, del mismo modo que Zapatero negó la crisis de 2008, Pedro Sánchez ha logrado, al menos transitoriamente, que la gente quiera creer que él ha logrado alejar el riesgo de la secesión catalana o que a su derecha solo hay fuerzas contradictorias. En fin, en plena crisis de la socialdemocracia, con incertidumbres sobre la democracia representativa, entre tanta confusión, Pedro Sánchez –rostro de una figura política del todo líquida– insiste en lo políticamente correcto, en el buenismo, en un progresismo en el que ya casi nadie cree. Con esa poca fe, creemos y confiamos desorbitadamente en otras identidades. Por lo demás, con un calendario electoral tan denso, los recuentos se solapan y los electores se quedan sin horizontes. Eso ahora parece beneficiar al PSOE, pero ¿quién sabe? Como líder, la inconsistencia de Sánchez es clamorosa y su sustento tiene algo de “merchandising” sin sustancia. Al mismo tiempo en el centro-derecha hay una pugna desconcertante para sus votantes y muchos irán a las urnas en procesos electorales futuros, sin saber qué pasa.

Posiblemente porque el malabarismo de Pedro Sánchez consiste en recuperar el voto que les arrebató Podemos y a la vez propugnar una suerte de centrismo ilusionista. Sería un fracaso del centro-derecha en general que el PSOE se quedase con la mayor parte del voto de centro. Pudiera ser un rasgo de nuestra época: líderes cada vez más inconsistentes seducen a votantes desquiciados por el cruce de identidades

Así, sucede en Venezuela, un presidente captando votos, donde no los hay y un pastor desprestigiado por la traición a su identidad espiritual.

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

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