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Blog alternativo de actualidad política con temas de interés internacional

AMLO, Trump y Putin, tras legitimación de migrantes mexicanos

Aventis

AMLO, Trump y Putin, tras legitimación de migrantes mexicanos

Deseamos un México promisorio, cuyos representantes políticos puedan atender sus futuros compromisos. Ya el pasado lo tiene en su contexto histórico, cada comunidad, tiene sus datos y leyendas, mitos, fábulas y realidades, los ciudadanos residentes tienen sus propuestas y ya se encuentran organizados.

Un México plural, que no cabe bajo el manto de un solo partido, corriente política o la dirección de un personaje; con una sociedad que se encuentra cruzada por sensibilidades, puntos de vista, intereses, ideologías varias, que están obligadas a convivir y competir. En esta nueva etapa, debemos estar pendientes para que no se presente lo que denunciaba Aristóteles sobre la democracia, a la que siempre cuestionó que pudiera terminar en demagogia, con resultados parecidos a los de una dictadura u oligarquía.

Por esto, Andrés Manuel López Obrador requiere de ayuda, nuestra colaboración para que países en deterioro y de carácter marxista no lo envuelvan y crezca de nuevo, desde sus viejas raíces la impunidad, intolerancia y le ayuden fabricar un mando presidencial falso.

Por esta razón, temas como la disminución de la desigualdad social, el crecimiento productivo y la modernización del Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) serán las primeras tareas en la agenda del presidente electo.

La desigualdad y la pobreza en países latinos apoyados por un falso socialismo y tienen un carácter militarista, son una realidad que debe cambiar, y se debe hacer con políticas económicas que favorezcan y otorguen continuidad a la movilidad social.

La movilidad social son los cambios que experimentan los miembros de una sociedad en su posición socioeconómica.

 En este sexenio que se avecina, el México del siglo XXI debe dar muestras de que se arriba con madurez democrática, sin visos de un retroceso por una conducción personal, distorsionada e irresponsable. Porque el Ejecutivo federal no es el dueño del país, sino el depositario del mismo, con la mayor responsabilidad de rendir cuentas a la sociedad plural que conforma esta nación. Un ejecutor que debe dejar atrás un autoritarismo que dejó huellas y estropicios inaceptables para que se vuelvan a repetir, evadiendo una transitocracia que descansa en la sordera, fomentando el dialogo constructivo factor indiscutible de la democracia. Una democracia pacífica en la confrontación de pareceres, serena decantación de razones y argumentos, con la multiplicación de espacios de diálogo, la corrección meditada de rumbos y la aceptación de la perfectibilidad humana personal y social.

El TLCAN ha otorgado grandes beneficios a los países miembros, pero la modernización del mismo se ha vuelto tormentosa por las amenazas e imposiciones por parte de la Casa Blanca. Ante esa situación, el fortalecimiento interno y la diversificación de la matriz comercial son políticas económicas que se deben considerar.

El próximo gobierno debe hacer todo lo posible para preservar el TLCAN, pero no cerrarse a otras opciones en caso de que la postura estadounidense continúe inflexible.

La diversificación de las relaciones comerciales es elemental para que la posible salida de EEU del tratado no impacte la economía nacional y la de las familias mexicanas. La economía nacional e internacional, definitivamente, ocupará un lugar prioritario en la próxima agenda de gobierno y se deberán dar soluciones que contribuyan a la movilidad social, al desarrollo social y a la apertura de mercados.

Ya. México y el resto del mundo pueden ser fraccionalistas, el racionalismo debe existir, porque todos somos necesarios y, hay un propósito en el método más confiable de investigación en Ciencias Sociales para observar la credibilidad de la gente, las encuestas. El mismo Andrés Manuel López Obrador renunció al racionalismo de los resultados, aun siendo puntero, cuando ‘sentía’ que no estaban a la altura de sus propios cálculos.

Esa negación del racionalismo nunca entendió que las encuestas no son pronósticas sino diagnóstico, que su función es probabilística, no determinística, pero a la vez, curiosamente esa probabilidad moldeó un dogma de fe entre los seguidores de López Obrador para evolucionar la tesis de una probable victoria en ley del triunfo. La probabilidad de Andrés Manuel desde antes de la campaña, con la permanente vanguardia, se convirtió en el dogma de triunfo ‘irreversible’, como ley grabada en las tablas de Moisés, con la frase: “Este arroz ya se coció”.

A Donald Trump, también desea cocer ese arroz, pero con una buena sazón. Solo quiero tocar un punto, un solo punto de los muchos imposibles que se ha fijado en el futuro gobierno: la Educación y economía y, bajo esta arista extender su raya roja hasta el Amazonas, de allí la colocación de dos nuevos satélites para tal fin, aparte de los existentes. Además de las bases militares que bordean este gran territorio desde el Estado Roraima del norte brasilero hasta Los Llanos Centrales venezolanos que incluye toda la Guayana, desde el Alto Apure hasta la desembocadura del Río Orinoco, porque el Esequipo ya es considerado su territorio por la relación con los ingleses.

México, se encuentra en una etapa decisiva de su historia. Le es propicio mirar hacia adelante y registrar un crecimiento mayor a nivel económico, pero, siempre hay que privilegiar al dialogo y la política. En efecto, estos importantes logros, fueron producto del trabajo conjunto y consenso entre las diversas fuerzas políticas para construir las instituciones del país, y no tenemos la menor duda, que definen una visión clara y contundente para consolidar la democracia y el Estado de derecho en México. Es actualizar nuestro marco normativo para fortalecer la democracia, generar mayores oportunidades de desarrollo económico y social y salvaguardar las libertades y derechos de todas las y los mexicanos.

Se trata de legislaturas históricas, donde se pudo sacar adelante grandes reformas y legislaciones claves para nuestro país, lo que fue posible gracias a la voluntad política de las distintas fuerzas políticas. Se vencieron inercias y llegaron los acuerdos fundamentales para contribuir al fortalecimiento de la gobernanza del Senado de la República y de las instituciones democráticas.

Hoy, gracias a estas reformas, nuestro país registra un crecimiento económico mayor que el de otras economías desarrolladas; somos la 14ª economía global y la 6ª potencia turística; se prevé generar al cierre de la Administración la cifra histórica de cuatro millones de empleos formales; hay compromiso de inversiones sin precedente en sectores estratégicos como el energético; hay mayores oportunidades políticas para las mujeres; y se vela por los derechos sociales de la población, entre otros beneficios concretos para la población y la sociedad en su conjunto.

México se encuentra en un momento decisivo y es propicio mirar hacia adelante. Hoy, más que nunca, se requiere de la unidad y el trabajo de todos para consolidar un país más competitivo, próspero, incluyente y justo. Este balance positivo logrado en las dos últimas legislaturas, nos permite concluir que hemos cumplido con nuestro trabajo en el Senado, pero, sobre todo, los legisladores le han cumplido a México.

Trump, en el marco de la Cumbre de Helsinki al lado de Vladimir Putin, su par imperial, busca un espacio para la periodización financiera de Centro América y Sudamérica, no importando las reacciones adversas, la idea no es dar explicaciones y trabajar fuerte, sin duda, “Trump cree más en Putin que en la CIA”. Ambos son magnates y empresarios, el oso es silencioso, y el otro un bocón extrovertido, pero, ambos presidentes y desean transformar la economía financiera.

 

 

 

A nivel internacional la prensa calificó a Trump como “el perito de Putin” como fue el caso del periódico sensacionalista inglés The Mirror. En su país las cosas no fueron mejor, sólo basta mencionar que "The New York Times del martes cabeceó: 'Trump, con Putin, ataca la inteligencia de 2016'", mientras que The Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch, declaró que la conferencia de prensa fue una “vergüenza personal y nacional”. En México también mereció un espacio y el periódico El Universal, tituló la nota de esta manera: “Trump cree más en Putin que en la CIA”, repito, y explicó, que por esto el mandatario estadounidense enfrenta críticas aún entre los legisladores conservadores que lo apoyan. Tras estas reacciones adversas el presidente de EEUU ha tenido que dar muchas explicaciones, tantas, que no para de contradecirse una y otra vez a sí mismo, pero, en sus planteamientos profundos tiene razón, es lógico es un niño bien porque trabaja desde joven con sacrificios y emocionalmente se cree ególatra. De allí, sus contradicciones en oportunidades.

Hoy, más que nunca, estamos convencidos de la necesidad de ir a un fortalecimiento de las instituciones del Estado mexicano, a fin de consolidar un país más justo, incluyente, próspero y hacer de México una potencial con responsabilidad global de cara a los desafíos del siglo XXI.

 

El polémico político salió ante las cámaras y aseguró: En el diálogo con el presidente de Rusia "he sido muy firme en el hecho de que no podemos tener injerencia, no podemos tener nada de eso". Luego de aceptar que sí existió una "interferencia" rusa en los comicios estadounidenses, Trump aseguró que "responsabilizaría" a Putin por eso, debido a que era él quien estaba entonces a cargo del gobierno.

Lo cierto es que hay crisis en Estados Unidos y el presidente pareciera que está tratando de hacer un “control de daños”, y en medio de esto, el secretario de Economía mexicano Ildefonso Guajardo se alista para continuar con las negociaciones del TLCAN. Sin embargo, Donald Trump, insiste en tener un acuerdo bilateral con México y por separado con Canadá.

En resumen, las relaciones entre EE.UU. y Rusia son inciertas, pero hay fundamentaciones económicas que dan un buen paso, el mundo político de EE.UU. está agitado y las negociaciones entre Estados Unidos, México y Canadá para modernizar el (TLCAN) están en duda.

Nuestro país, Venezuela dio un mal paso y los militares dieron un traste con nuestra economía agroalimentaria, arroparon al socialista Nicolás Maduro Moros y lo colocaron contra las cuerdas en su afán de ejercer control sobre el poder.

Diplomáticos occidentales en Helsinki estimaron que Putin se impuso psicológicamente desde el comienzo de la cumbre al llegar, como es su costumbre, con un retraso de una hora que no explicó. Trump, también famoso por su impuntualidad, tuvo que esperar pacientemente a su interlocutor. El líder ruso también sorprendió a Trump al utilizar una limusina rusa Aurus Senat, para llegar hasta el palacio presidencial, una residencia neoclásica ubicada frente al Mar Báltico.

Aunque no participaron en la reunión a puertas cerradas, durante su permanencia en Helsinki el presidente estuvo acompañado por el secretario de Estado, Mike Pompeo; el consejero Nacional de Seguridad, John Bolton; el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John F. Kelly, y otros consejeros, incluyendo Fiona Hill, experta en asuntos rusos del Consejo Nacional de Seguridad.

Trump sintetizó la cumbre diciendo que examinaron todos los puntos conflictivos que existían entre ambos países sin indicar con precisión los temas abordados. Antes del encuentro había afirmado que tenía "muchas cosas buenas para hablar" con Putin, en particular temas comerciales, militares, la proliferación nuclear y sobre China, en particular acerca de su "amigo común", el presidente Xi Jinping. En una serie de tweets divulgados antes del encuentro, Trump también había responsabilizado a Estados Unidos, en lugar de Rusia, por el enfriamiento de las relaciones entre ambos países. Al final de las conversaciones afirmó que las relaciones bilaterales “nunca habían sido peores que ahora”. Sin embargo, “eso cambió” gracias a la cumbre de Helsinki, sostuvo.

En la conferencia de prensa final, Putin calificó la cumbre de “éxito”, lo que permitirá superar la “etapa complicada” que atravesaron las relaciones bilaterales sin “ninguna razón sólida”. “La guerra fría es algo del pasado”, sentenció.

Los comentarios de Trump coincidieron con el argumento ruso que imputa el mal estado de las relaciones bilaterales al gobierno de Obama y a la investigación sobre interferencia electoral en la campaña de 2016. En su cuenta oficial de Twitter, el ministerio de Relaciones Exteriores ruso reprodujo un tweet de Trump, diciendo que las tensiones se habían agravado por “las locuras y la estupidez de Estados Unidos”. La cancillería rusa agregó con ironía: “Estamos de acuerdo”.

Pero, el punto álgido fue México, se debía avanzar en el tema de los migrantes indocumentados y la documentación a las mujeres mexicanas que laboran en la alta y baja California sin papeles en reglas y deben dejar a sus hijos en hogares extraños sin ninguna protección social, aunque el lado conflictivo es los inmigrantes africanos, porque, algunos tienen su origen en células terroristas y huyen a Europa y USA buscando protección social, porque ya no son protegidos de los sauditas, ni los islámicos.

La sociedad mexicana tiene singulares prácticas frente al poder político. La renovación presidencial ha sido, de siempre, una actualización de la esperanza y de la expectativa de que las cosas mejoren. En ocasiones, tanto la valoración crítica al pasado, como la convicción de que las cosas habrán de cambiar pronto y de manera profunda se vuelven algo desproporcionadas. Las elecciones de eso se tratan: de movilizar a los ciudadanos para que el voto defina rumbos; lo mismo sirva de castigo a lo que no se quiere o de aval para quien más y mejor convence. En estos tiempos, se viven de manera acentuada ambos aspectos, el del pasado que se reprueba y el del futuro mejor que se anhela. Los ánimos se han exaltado en ambos sentidos y eso explica el resultado del 1º de julio, que nos ha colocado en una posición complicada como país en donde, si bien se reconoce el resultado como fruto de nuestro sistema democrático, también preocupa lo que este ha generado: la ausencia de contrapesos, y la posibilidad de que esto conlleve a situaciones indeseables a partir de la visión y de las decisiones ya no de un partido o grupo, sino de un solo hombre.

No creo que tal efecto sea sano, deseable y tampoco útil. Los grandes cambios no han sido de un hombre, sino de una generación, más allá de que siempre ha habido quienes coordinen y motiven. Es el deseo de todos, o al menos de los más, que la renovación a la que convoca López Obrador sea para bien, que el cambio que se avecina acabe con muchos de los problemas viejos y nuevos que aquejan al país.

No se trata del interesado y obsequioso beneplácito de algunos; lo que se anhela es que las cosas mejoren, nada más, pero nada menos. También es de preocupar que el pasado se vea bajo el prisma del reproche acrítico y totalizante: que todos los funcionarios son corruptos, que las empresas exitosas lo son gracias a la corrupción, que el país se divide entre buenos y malos y que un cambio en la cúpula política será suficiente para la regeneración nacional. Las reservas o el escepticismo a lo que viene no son pecado. Tampoco lo son el apasionado entusiasmo y optimismo de muchos. Ni unos ni otros tienen derecho a negar al diferente. No hay nada de democrático en una mayoría que avasalle, como tampoco lo hay en una minoría que pretenda imponer su visión.

Es imperativo llegar a un entendimiento que acredite las libertades y la pluralidad. El voto es un mandato, y en este caso, lo es para emprender una reforma profunda, pero no es cheque en blanco. El anhelo de lograr transformaciones inmediatas y de que el mandato no pierda impulso se entiende, pero el gobierno del futuro presidente deberá ser cuidadoso ante la tentación de emprender esos cambios de manera precipitada. La equidad social a la que se pretende llegar no se niega ni se entorpece con las libertades, tampoco con el deseo de lograr un consenso incluyente, ni mucho menos con ajustes importantes al gobierno y a su relación con los poderes y las entidades. El pasado no debe ser concepto rector de lo que funciona. El pasado inspira y enseña, pero no manda. Debe ser así porque la sociedad mexicana se ha transformado de manera profunda, porque el pasado lejano y muy lejano, con frecuencia, se aprecia con el prisma del prejuicio o del interés, sin considerar la complejidad del mundo actual y de las transformaciones en la economía, la política y en lo social. En ese sentido, la economía es uno de los temas de mayor atención y cuidado.

Los representantes sindicales y los empresarios han actuado frente al futuro gobierno con optimismo y con un ánimo de apoyo y simpatía en la propuesta de que las cosas mejoren. Nadie ha solicitado un freno a la transformación por la que se votó mayoritariamente, lo que sí está presente es el deseo de participar en ese cambio que debe tener un curso en el marco de la inclusión, el compromiso con los que menos tienen y que debe, ante todo, potenciar las capacidades individuales, comunitarias, sectoriales y colectivas. La realidad económica estrecha el margen de maniobra y discrecionalidad de los gobiernos nacionales. Como tal, dos compromisos señalados por el futuro presidente han disipado dudas y alejado inquietudes: el equilibrio en las finanzas públicas y el respeto a la autonomía del Banco de México. Sin embargo, habría que agregar a la confianza que se busca también la certeza de derechos. Para ello es indispensable acreditar la convicción del respeto a la ley y a las instancias de justicia

El país está en medio de la negociación de uno de los instrumentos fundamentales de la economía nacional de los últimos cinco lustros, que es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ha sido un acierto del candidato ganador reconocer al grupo negociador y su deseo de continuidad, más que de reemplazo. También, los futuros canciller y secretario de Hacienda han acreditado cuidado y sensatez. En estos temas México debe estar unido, tanto por el interés nacional de por medio, como por el perfil del gobernante del país vecino al norte. Son muchas las razones que apuntan a la continuidad del acuerdo con modificaciones propias de una actualización, pero debe tenerse siempre presente la personalidad del presidente Trump, su profunda hostilidad hacia México y hacia los mexicanos, así como lo impredecible de su conducta. La popularidad no es sinónimo de eficacia, y pretenderla como razón de gobierno o como una marca sexenal puede convertirse en trampa que comprometa lo que se pretende. Mi opinión es que, aunque exista el diferendo natural con el actuar del futuro gobierno, ingrediente principal de cualquier democracia, deseo que quienes lleguen a estar en esa postura, sean una y otra vez desmentidos por los buenos resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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